Cargado de pecados a pulso de voluntad
por alguna razón sé que no se me acusa
porque me das la idea que volviendo atrás
mis buenas obras han pagado mi culpa.

También me animas a perder la vergüenza
cuando traigo razones para avergonzarme.
Me parece que es así, o me juega a mal la idea
por hallarme gozoso cuando soy miserable.

Luego una apacible distinción me hace saber
que otra vez me has perdonado a tiempo:
A los seres humanos les duele más entender
que después de lo malo llega siempre lo bueno.

No te corto las alas cuando sé que sabes volar
ni detengo tus aleteos; te pongo a prueba.
Recuerda: Conozco tus limites en general,
¿no te gustaría recibir más por tu entrega?

¡Necio! Aún no te das cuenta que veo tu corazón
y desde ya tengo el mayor detalle para contigo:
Desde los cielos te regocijo en mi amor
porque tú no eres mi ciervo, ¡Tú eres mi amigo!...

¡Qué detalle... qué detalle Señor has tenido conmigo!




Tengo a la conciencia que solo sabe reclamar,
durante su trajín laborioso murmura recuerdos,
duerme para desahogarse, amanece por voluntad,
a veces, se aleja; a veces, retoma su vuelo.

Pero, no, Dios mío, todavía es temprano.
No es así como funcionan las cosas cuando se ama.
Disculpa mi insistencia, pero a los seres humanos
nos duele más entender a la mala.

No permitas que todo se invada en mi contra
porque más dolor se suma de vuelta a casa.
Más bien, ayúdame a darle forma
porque este es mi sueño, ¡no me cortes las alas!

Acaso, ¿no sientes a mi corazón inquieto?
Temblorosas, mis manos, hacen puño.
Sin mentirte bien sabes de mis miedos,
pero aquí estoy, una vez más, ante el mundo.

No me digas que ya acabó. Para ti es tan simple.
Quizás me aguarden nuevas primaveras;
quizás hay algo mejor, pero es intangible
como los sueños abandonados que quedan fuera.

No me digas que vuelva a empezar,
¿O me toca llevarme otro mal recuerdo?
Sí es así, hazme saber que voy a llorar
y que voy a tener más derrotas y menos aciertos.



Pero, ¿Cómo no vas a tener dudas, mujer,
si te habla de situaciones embarazosas?
Se te insinúa descaradamente y, entre otras cosas,
confunde espacios públicos por cuartos de hotel.

¿Cuál es su futuro contigo? ¡Ah! Aún son jóvenes
y quieren saber si esto puede funcionar.
Ya veo por donde va su relación informal:
sexo, diversión, apoyo moral, ¡Ah! y hoteles.

“¡Ay, pero lo quiero!, ¡ay, pero es lindo!
Lo que pasa es que tú estás celoso
porque no tienes novia y criticas lo hermoso
porque sólo te pueden ver como amigo.”

Muy cierto; sólo me ven como amigo,
y esta es una noticia de cuatro paredes:
Me ven como amigo, ¿quiénes?
Mujeres libertinas que no piensan en hijos.

Porque las otras de por sí que esperan.
No juegan a los romances de caras bonitas.
Se nota cuando una mujer se perfila señorita:
muy enamorada en una relación seria.

En cambio tú, que te las das de princesa
tomas a conciencia la clara imagen.
Luego sufres; luego, todos somos iguales,
cuando bien sabes que la realidad no es esa.




En el fondo, y no tan dentro, te debo 
un favor en vez de un desprecio.
Aunque no puedo fingir que estoy molesto,
es mejor callarme y juzgarte en silencio. 

Viéndote con más detenimiento: creo que sí,
hacerle eternidades a quien no me piensa
es como construirle un mundo feliz
a una cara desconsoladamente muerta.

Tu cuerpo, que debería ser un templo,
- por respeto a toda mujer de principios - 
es amiga cariñosa, comadre de sus puercos,
y según veo: aún amistosa para estos mismos.

Vaya sentido del amor; ni siquiera eres egoísta.
Creo que te agotas por seguir un farol,
o un globo de la mano con una sonrisa,
ni te alzas a los montes, ni a las estrellas como yo.

Hay ocasiones donde por error pienso
que Dios debería hacer que fluya
a montones tus clementes sentimientos;
para que así, entonces, vayas en mi busca.



Hay una señorita de cabellos ondulados
que acostumbra girar en mis molinos de café.
La he visto haciéndose de los anchos
y de los altos frutos marcados por sus pies.

Soy para amarla: No la he visto para sexo.
Tengo la manía de echar las manos
en otras que escasamente encuentro:
chamuscadas, sin corazón, en desamparo.

(Y para quienes sostienen la lujuria
como carácter de hombría o de superhombre,
perdónenme; pero mi naturaleza no es tan sucia.
Muy por el contrario: eso, no es de hombres.)

Mujeres... ¡habiendo muchas son pocas!
Y solo una parece haberse quedado conmigo.
Pero no atiende a mis ojeras ni le hago sombra,
a veces le pico los oídos, pero soy un amigo.

Llevado por lo que es simple de entender:
Me sale del corazón alzar esperanzas
ante esa joven que me mira con extrañes,
mientras yo callo, calla, y seguimos la marcha.