No nos pierden, nos olvidan.
A caído la noche y no ha sido buen día.
Hice tiempo, procuré insistir en lo linda
que se te ve por el futuro que te perfila. 

De manera que agotar el sueño
desprotegido y sin que aparezcas
no fue retribuir injustamente al tiempo,
sino que fue de sorpresas como ésta:

Nunca seré capaz de sentarme en las estrellas,
es mejor cuando las crees inalcanzables
y vives una vida común, sin aires de grandeza,
porque desde el suelo se puede valer bastante.

No lo tenía claro, pero lo voy deduciendo.
He pensado que hay pocos hombres
que realmente aman más allá del deseo
e intentan sanar donde otro puso golpes.

Ya quisiera yo que busquen mi sonrisa
entre tanto abuso de llantos aglomerados.
Me gustaría sentir de forma dulce, sencilla
que se aspira a quedarse a mi lado.

Por eso sé que no debería tener miedo.
Si tu corazón no considera que te quiera tanto
y arranca pasos en las afueras de mis cielos,
pregúntate, acaso… ¿Es a mí a quién haces daño?


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Te he visto y una vez más tuve que disimular.
Tenías que haberme visto al menos unos segundos
todos mis sentidos fueron obligados a renunciar
a fuerza de la razón que también desea vernos juntos.

Tenías que ser tan especial para mis ojos
que guardando discreción hacen alboroto.
Algo debes tener, algo haces, algo en tu rostro
saluda superficialmente y me habla en el fondo.

Aun cuando crees que eres desconocida
o que voy con dirección a lo más relevante:
No te hago menos, muy por el contrario, tu chispa
en cualquier momento se libera para buscarme.

Tenías que haberme visto quizás tímido, 
porque te busco para enamorarme de tu encanto.
Contando con hoy, en mis deseos más íntimos:
quisiera cumplir con el propósito de no hacerte daño.

Mañana volveré a verte, y volveré a disimular
hasta que algo suelte la inocencia por verme. 
Quizás, para ese entonces, tu lugar
sea conmigo encaminados por un para siempre.


También las estrellas son sus escoltas.
También se siente sola en un nido social.
A veces, desea personificarse en otra,
y por allí se desprende una ilusión al azar.

Un suspiro, un motivo, o una que otra cosa
la traen de nuevo al garrote de la vida.
Parece que tiembla cual pétalo de rosa,
y ya la he visto... solo hace falta hallar la vía:

Ya sabemos que estamos juntos sin estarlo,
y mientras sean largas distancias;
no te preocupes, puedo remediarlo,
por sentir así desde ya tengo práctica.

Alguna vez cruzaré ese desconocido,
pero inmenso destierro de tempestad,
y juntos, por donde deseo conmigo
se hará distante la ruta hacia atrás.

Siempre que pueda saldré por la noche
a buscarte en alguna banca, o en la lluvia,
sueles destacar entre mil, millones,
porque eres bonita, porque eres única.



Te quiero y creo que no te convenzo, 
pues el temor que de mí te desampara,
con injusta razón del resentimiento,
me mide con la misma vara.

Por eso te entiendo cuando dices que no,
y a su vez mi corazón insiste
porque confía que entre tú y yo
un lazo de amor puede ser posible.

Y en realidad se da que te quiero
con el propósito de volverse amor.
Cada noche y en el lugar que frecuento
el asunto de mi charla es de los dos.

A esas horas donde es normal soñar
y despertarse con buen ánimo,
con miras de quererte no te dejo de pensar
hasta que el sueño cumpla su rol básico.

Posiblemente te quiero más de lo que digo,
pero te quiero y te llamo desde la otra orilla. 
Aún no sé si es por falta de cariño
que haces esperar
cuando te han esperado
toda la vida.




Si comprendiera que no me aman
iría por un poco de consuelo, no por sexo,
porque no se ama para compartir cama,
sino para compartir con quien amas
con la seguridad de que sales ileso.

Hasta ahora he optado más por el amor
y de eso me siento orgulloso.
Hasta ahora alguien sabe de mi corazón,
y aunque es buena mi intención
sus miradas se dirigen a otro.

Pero no me duele verla partir,
hay de todo un poco en el mundo.
Lo que me dolerá es que por allí
vea equivocadamente feliz
a quien sume más dolor en lo profundo.

Siempre le digo una que otra cosa,
pero, como suele suceder cuando amas:
Aun cuando la encuentro a solas
se toma su tiempo para decirme hola
y no sabe que atesoro sus palabras.

La voy a perder o creo que ya la perdí
y no es que sea mi culpa.
Todos nos perdemos -por decirlo así-
solo que algunos dan fin
cuando no deberían abandonar nunca.