Si para mañana como hoy, te escapas
con la promesa de volver o simplemente no vuelves,
llévate a prisa que me harás mucha falta,
pero, como todo y tú, no será para siempre.

Quizás, apruebes eso de que "la vida sigue"
(razón para tapar disciplinas que lo fueron todo
tomando por los cabellos al buen tiempo libre
cuando ya el amor y sus cosas nos vale poco).

Y si te vas, estirando los brazos de rosa fresca,
respirando sobre los paños tristes de mis arrestos;
hallarán otros motivos mis ojos que se cierran
por no verse en ti cuando los tomes por muertos.

De un modo gris me despertaré impulsivamente
en el silencio más calado de mi habitación,
las paredes se hundirán, las ventanas abrirán saberes:
¡Quién ama padece renunciar diciendo adiós!

Porque yo también muevo las piernas cuando te pienso
y juego a ser adolescente creyendo en las estrellas,
tan seguro estoy que lo has sentido entre risas y miedos
que el amor lastima muchísimo, pero a más no llega.



No me elijas como novio 
porque corres el riesgo de que te ame.
Al gritar tú, yo también haré lo propio
sin la más mínima intención de lastimarte.

No me plantes en el cielo de tu vida,
créeme; es una pésima idea,
porque yo también te pondré en la mía,
aferrada a mi pecho como al cielo: las estrellas.

No te me enamores, no tiene caso,
tus ruedas son firmes, las mías tambalean.
Le aguardan elogios a tu andar raso
y suaves pausas que a todos nos llega.

Si crees que deberías elegirme, no lo hagas.
Si crees que podrías intentarlo, tampoco lo hagas,
porque el amor, pese a su buen actuar, daña,
y, evitando alucinaciones, claramente es llama.

No me elijas si temes caer en otra trampa,
porque matarías el principio de lo especial.
Mi amor y lo que sea de él en sus ganas
crea inolvidables que se disfruta recordar.

No me elijas si estás esperanzada del tiempo.
No me elijas si hay otro o esperas más de mí.
No me elijas para después
si puedo ser el primero.
No me elijas para mañana
porque hoy
te elijo a ti.




Voy débil alejándome como polvo en la escoba.
El tiempo ignora y falta poco para ser de humo,
y es normal que se entienda a la broma
si se dice no amar para no sentirse desnudo.

Duramente he criticado a Dios por enamorarme,
pero esto va sobrepasando los tejados,
esta llegando a las estrellas para colgarse
hincando en el centro igual que los dardos.

Pero, ¡qué más da! Si me hago daño
¡qué más da!... Déjame bailar a solas, 
pues en mi universo te levanto en brazos
para que me acaricie hasta tu sombra.

No me detengas ahora, ahora que soy feliz,
soy feliz por enredarme entre los delirios,
donde amar nunca se desamará infeliz
ni habrán finales porque es principio.




El día que me quieras, tenlo por seguro
que si aún no te he olvidado,
las ansías de amarte se verán en apuros
por más que nuestro encuentro sea lejano.

El día que me quieras, todo lo más bello 
quedará en mi alma para compartir con la tuya
y me verás, y te veré, entre los destellos
cuando me cante tu nombre la luna.

Rebotará el tiempo positivamente
y sus exhalaciones serán frutos sensitivos;
conspirará entonces un para siempre:
enamorarse otra vez; esta vez, correspondido.

Corresponde esperar cuando se ama
y cuando la pasión no la opaca,
porque si es amor, ni la distancia separa
los fuertes lazos que aún no se atan.

El día que me quieras, habrás sabido
que el amor es lento, pero rápido en su obrar;
y yo, sonriendo al nuevo brillo, 
desearé que sea mío el de nunca acabar.




Me sigue haciendo falta decirte que te amo
como adolescente tembloroso por una caricia,
imaginando el físico que no llega al gramo
cuando la junta interna es más bellísima.

Concibo, pues, volverte a sentir niña,
lo que me lleva a decir que es eterno,
y por lo expuesto, informan mis retinas: 
- Son todas las claridades en una, cerebro. 

Y me sigue haciendo falta ofrendar cumplido 
ante lo que se conversa en el interior de mis oídos, 
para amarnos, para que hagas lo mismo... 
enamorando al tiempo en esta noche de frío.