El día de hoy un ángel está pensando en mí
y con una sonrisa expresa estar feliz.
Yo no sería capaz de lastimarla,
más bien, quisiera siempre poder amarla.

Mi princesa del mundo de las hadas,
sé feliz, tú tienes buenos camaradas
y en especial, mi niña, me tienes a mí,
hoy y siempre porque te amo sólo a ti.

No pienses que algún día te dejaré,
eres valiosa y jamás permitiría que llores.
Yo te hablaré con amor y te daré flores,
porque de ti, mi musa, yo me enamoré.

Esos hermosos ojitos no deben llorar
porque yo los veo y me hacen suspirar.
Te amo y quiero tenerte hasta mi vejez,
felices para siempre, soñando más de una vez.

No sabes cuánto me encanta escucharte
y sobre todo, mi amor, me cautiva mirarte.
De verdad eres todo lo que más quiero
y te amo con todo mi amor sincero.

Sé que puedes hacer más de una poesía,
y siendo así, eres mi musa de cada día
y para ti la más hermosa composición,
ya que eres verdaderamente mi adoración.

Eres la dueña de mi corazón ciertamente,
porque estás a mi lado y en mi mente.
Francamente, mi amor, de mí no te vas,
porque en mi corazón siempre vivirás. 




SI ME AMARA

Por un tiempo casi inmenso mis ojos
se han colgado de otros sin atesorarlos.
Creo que es mi culpa por llevar en mi bolso
el primer filtro que es amarlos.

En apoyo a esto, informo: amo para cuidar,
no cuido para saber si de repente amo.
Lo curioso a esto es que quizás
hallan menos inesperados en mis brazos.

La princesa triste que mueve las piernas
todavía enmudece sus sueños conmigo.
Pero la quiero, y temo instituirla estrella
como a otras desorientadas por el peligro.

Si me amara aunque sea un poquito,
fuera cual fuera su excusa, rompería al cansancio
para valerme de fuertes piernas y suspiros
con la más absoluta decisión del ánimo.

Serían otros tiempos, tiempos de labranza.
Contento me dirigiría al arduo pero provechoso
rescate de ilusiones. Creyendo en la esperanza
sus remos en mi balsa me indicarían cómo.

La mujer que amo aún lleva consigo
las manos feas y el corazón trizado.
Forcejea con la creencia de suspiros,
y me es lamentable no verla a salvo.


Primer Premio del II Concurso Internacional - General de Poesía
Mar de Plata - Argentina




Por un tiempo casi inmenso mis ojos
se han colgado de otros sin atesorarlos.
Creo que es mi culpa por llevar en mi bolso
el primer filtro que es amarlos.

En apoyo a esto, informo: amo para cuidar,
no cuido para saber si de repente amo.
Lo curioso a esto es que quizás
hallan menos inesperados en mis brazos.

La princesa triste que mueve las piernas
todavía enmudece sus sueños conmigo.
Pero la quiero, y temo instituirla estrella
como a otras desorientadas por el peligro.

Si me amara aunque sea un poquito,
fuera cual fuera su excusa, rompería al cansancio
para valerme de fuertes piernas y suspiros
con la más absoluta decisión del ánimo.

Serían otros tiempos, tiempos de labranza.
Contento me dirigiría al arduo pero provechoso
rescate de ilusiones. Creyendo en la esperanza
sus remos en mi balsa me indicarían cómo.

La mujer que amo aún lleva consigo
las manos feas y el corazón trizado.
Forcejea con la creencia de suspiros,
y me es lamentable no verla a salvo.



Te había visto con rostro de lluvia 
espiándote cuidadosamente desde mi ventana.
Noté el claro sabor amargo de la angustia
y tanto más que solo se nota cuando se ama.

Me conoces de jovialidades, de nostalgias,
- creo que debí presentarme antes que nada -
Soy otra pieza solitaria que vio circunstancia
en donde otros creen que no se halla.

Y sí, me conoces, me has cantado por las calles
como yo lo hacía esperando una ocasión.
Por eso te entiendo siendo desiguales,
cargué con lo mismo y veo que valió la intención.

Aquella princesa ha llegado a mi vida,
ángel de luz, rosedal de sueños y magnitudes:
Veme aquí, ¡ya se agruparon nuestras islas!
Ten fe en mi amor, mi trato es igual de dulce.

Sonrío con las estrellas y soy amigo de ellas.
Tú contagiaste, tú lo estás sacando a relucir,
así que no te queda de otra, belleza,
te extiendo los brazos para que sueñes junto a mí.




No te amé delirando con mi edad,
sino que te amé con más edad de la que tengo.
No te amé a lo disimulado o carente de paz,
sino a lo grande como suelen ser los sueños.

No soy poeta, ni se dé eso ni de rimas, 
soy un chirrido, alguien que murmura despacito.
Visto con ropa exclusiva, a veces, con camisa,
a veces sin gracia como para pasar inadvertido.

Ese soy yo: ventilando mis puestas de sol,
creando inviernos donde hay otoños.
Dirigiéndome al mar por seguir un farol.
por una sonrisa creciente, por un globo.

Pero nunca te amé para negociar un cambio,
yo no soy así: nunca amo para olvidar.
Lo demás son los demás y de esos hay varios:
yo no peco por tus labios, yo peco por amar.

Acaso, ¿habrá que ser tan esquivo
para evitar a quien confía en los cielos?
Hasta lo que se presenta sencillo
puede valerse o verse como un buen intento.

Pero se ha dado así, solo espero que el próximo
controle las disputas de la vida, sus trabas,
para que con ojos bien abiertos y sólidos
envuelva al amor que hallándote se halla.


TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS.
Autor: Geyler Hartley Aranda Rafael
Trujillo - Perú
2016