Voy débil alejándome como polvo en la escoba.
El tiempo ignora y falta poco para ser de humo,
y es normal que se entienda a la broma
si se dice no amar para no sentirse desnudo.

Duramente he criticado a Dios por enamorarme,
pero esto va sobrepasando los tejados,
esta llegando a las estrellas para colgarse
hincando en el centro igual que los dardos.

Pero, ¡qué más da! Si me hago daño
¡qué más da!... Déjame bailar a solas, 
pues en mi universo te levanto en brazos
para que me acaricie hasta tu sombra.

No me detengas ahora, ahora que soy feliz,
soy feliz por enredarme entre los delirios,
donde amar nunca se desamará infeliz
ni habrán finales porque es principio.




El día que me quieras, tenlo por seguro
que si aún no te he olvidado,
las ansías de amarte se verán en apuros
por más que nuestro encuentro sea lejano.

El día que me quieras, todo lo más bello 
quedará en mi alma para compartir con la tuya
y me verás, y te veré, entre los destellos
cuando me cante tu nombre la luna.

Rebotará el tiempo positivamente
y sus exhalaciones serán frutos sensitivos;
conspirará entonces un para siempre:
enamorarse otra vez; esta vez, correspondido.

Corresponde esperar cuando se ama
y cuando la pasión no la opaca,
porque si es amor, ni la distancia separa
los fuertes lazos que aún no se atan.

El día que me quieras, habrás sabido
que el amor es lento, pero rápido en su obrar;
y yo, sonriendo al nuevo brillo, 
desearé que sea mío el de nunca acabar.




Me sigue haciendo falta decirte que te amo
como adolescente tembloroso por una caricia,
imaginando el físico que no llega al gramo
cuando la junta interna es más bellísima.

Concibo, pues, volverte a sentir niña,
lo que me lleva a decir que es eterno,
y por lo expuesto, informan mis retinas: 
- Son todas las claridades en una, cerebro. 

Y me sigue haciendo falta ofrendar cumplido 
ante lo que se conversa en el interior de mis oídos, 
para amarnos, para que hagas lo mismo... 
enamorando al tiempo en esta noche de frío. 



Ayer es hoy mientras podamos recuperarlo.
Ayer es hoy, y se quiere alejar de nosotros
como se alejan las flores de los campos
cuando llega el invierno en nuestros rostros. 

Ayer es hoy, y puedo comprender al reproche.
Por las ventanas se escapan voces tristes
y la casa es más vacía durante la noche
como el día que por remedio te fuiste.

Ni siquiera me alivia la poesía que carcome,
son líneas judas queriendo ser el Cristo,
prolonga airada su tétrico golpe
con el favor del Dios que hunde su maleficio.

Y me retiro de la poesía porque no me sirve.
No me interesa ahora que te he perdido.
Le faltan manadas a mi guarida de tigre...
supongo que te va mejor huir del peligro.

Ayer, como prueba de lo que hablo
abortamos más amanecidas definitivas,
pero el hoy se figura a lo largo
como ayer, y el ayer sigue siendo hoy día.



Aún hay más por decir hasta cierto punto
en el que me callas o me callo agridulce
dado que tu sonrisa ha generado un abrupto
cuando en ese mismo instante sufres.

Me toca en el corazón verte triste,
por esa razón, mi intención es que seas feliz,
puede que al decirlo sea algo simple,
pero la voluntad es el primer paso por cumplir.

Tú sabes que las cosas suceden calladamente
al margen de una lágrima resbalándose
y sabes, también, que no puede valerme leve
las heridas hundidas que están rasgándote.

He dejado para el final esta pieza de amor
y por favor, no me la quites nunca
porque me he imaginado que para esta ocasión
tu corazón se abraza al mío de forma conjunta.

Y esto nos lleva a ser uno en lo absoluto
como si por un soplo dejase de ser el motivo,
para ser tú y yo mismo en el preludio
de tus besos que han hecho en los míos: su nido.